XANTOLO

XANTOLO

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Dentro de la región de la Huasteca, se celebra el día de muertos como pocos lugares en nuestro país. El Xantolo, la tradición más importante de esta región, la cual aún se mantiene muy arraigada. Este peculiar culto a los muertos, en el que se les recuerda y venera de manera especial.

Acompañada de danzas, cantos y típicos platillos, la celebración del Xantolo o Día de Muertos en la Huasteca se caracteriza por la devoción, el esmero y la unión con que los habitantes de las pequeñas comunidades que esperan la llegada de sus familiares y amigos que ya no se encuentran con ellos.

La celebración tiene más de tres mil años de tradición y las actividades inician a partir del 31 de octubre, las cuales se extenderán hasta el 2 de noviembre, días en la que se hace presente la hospitalidad de los habitantes de la entidad.

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El origen de la palabra Xantolo, catalogada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, proviene del vocablo latín, Festum Onimium Sanctorum, que quiere decir: Fiesta de Todos los Santos, introducido al náhuatl.

La celebración se realiza en las diversas comunidades de origen náhuatl y tenek, en donde se llevan a cabo una serie de rituales que conjugan misticismo, arte, gastronomía y una percepción festiva que se relaciona con los ciclos biológicos que cumple el ser humano en su paso por este mundo.

Cada municipio de la Huasteca tiene su particular forma de celebrar, la mayoría de ellos cumplen con la exposición de altares en sus casas y lugares de concentración pública, desfiles de catrinas, recorridos en tumbas, velaciones en panteones, sin faltar las muestras artesanales y gastronómicas.

En los pueblos de esta zona se acostumbra visitar los panteones y montar altares junto a las tumbas de los familiares o en los hogares se colocan ofrendas.

¿Cómo es la vida aquí tan cerca de Dios y tan lejos de los gringos? Es un tiempo continuo, sincronizado y armónico con la sonrisa de los niños y con la mirada de los chamanes. Es una espiral hacia fuera, amplia, vasta; una visión panorámica sobre el entorno, los ríos, las grutas, los árboles, la fauna y desde luego, la sociedad

Es una delicia platicar sin prisa y sobresaltos mayores del sabor de la tierra, del color de la penumbra, del eco sordo de las pisadas del ganado, de los anhelos jóvenes y desbocados, viejos y claridosos. Tal pareciera que el tiempo se detiene Volver y nunca acabar de sorprenderse de las resquebrajaduras, crujidos y sopetones que esconden las arrugas y cicatrices…

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